Alessia Di Bari

palabrería barata – o no tanto-

Francesca… regalito del cielo. AgopmFri, 14 Aug 2009 21:03:16 +00002252009 20, 2009

Cómo se puede querer tanto a alguien que apenas conoces, me preguntaba hace unos momentos a mí misma. Y es que cada que veo a mi sobrina –quien está próxima a su primer año de vida- me asalta la misma duda.

No me termino de explicar cómo ni por qué, pero me tiene robado el corazón desde antes de llegar a este mundo.

 

Me acuerdo cuando mi hermana y mi cuñado la buscaban; me acuerdo el diciembre que apareció. Nos dieron la sorpresa de que ya venía en camino, la semillita ya estaba creciendo en las entrañas de Giova –mi hermana-.

Los nueve meses de espera, esa espera que me parecía infinita. Todos los preparativos para su llegada; las fiestas que hicimos en su honor –desde antes que naciera-, el cuarto que le prepararon sus papás y la emoción con que las dos familias la esperábamos.

Los casi tres días que su mamá estuvo en el hospital en labor de parto para que finalmente el doctor decidiera que sería cesárea y viera la luz por primera vez el 31 de agosto de 2008 alrededor de las nueve y media de la mañana.

 

Recuerdo que fue mi mamá quien me dio la noticia y me pasó al costo todo lo ocurrido. Estábamos desperdigados por toda la república… ellos en San Diego (por aquello de que lo mejor que tiene Tijuana es San Diego…o eso dicen), la nonna (mi abuela) y yo en el D.F., mi hermano en Mérida y mi papá en Villahermosa; pero nada de esto fue impedimento para darnos la noticia los unos a los otros. Finalmente, la espera había concluido y una nueva integrante había llegado a la familia.

Un pedacito de carne con vida propia llegó y yo no podía parar de llorar cuando me dieron la noticia… “¡Ya eres tía!” No entendía exactamente lo que pasaba por mi cuerpo, por mi mente, pero me gustaba.

Es algo único ver cómo va descubriendo el mundo, cómo día a día crece a pasos agigantados, dejándonos a todos boquiabiertos con cada movimiento que hace o deja de hacer.

 

Hoy, Fran (mi sobrina) vuelve a hacer de las suyas… unir a toda la familia para pasar unas vacaciones todos juntos; hasta los bisabuelos vienen a visitarla.

La tengo gateando alrededor mío, risa y risa, lo que complica mi concentración para escribir y al mismo tiempo la impulsa para poder comunicar la emoción de tenerla cerca de mí.

 

No tengo la más remota idea de lo que se sienta tener un hijo, pero le agradezco a mi hermana la valentía de probarlo y dejarnos formar parte de la experiencia. ¡Magia pura!

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Pía… un día después. AgopmSat, 01 Aug 2009 19:07:12 +00002122009 20, 2009

Pía acaba de cumplir 18 años. Se siente extraña, la gente la trata diferente desde que cumplió años. Piensa cómo un día cambia toda una existencia. De un día a otro dejó de ser niña para ser adolescente, el día que le bajó la menstruación por primera vez. Ahora de un día a otro, deja de ser adolescente para ser mujer.

Ve su cuerpo frente al espejo, no siente que haya cambiado en nada, es sólo un día y sin embargo, la gente le habla distinto. Ya tiene permiso de llegar más tarde a casa, de tomar, de manejar, de tener novio, de hacer lo que quiera. Con un día más que el anterior, ya tiene su vida en sus manos con todos los privilegios y responsabilidades que esto conlleva.

Explora su cuerpo frente al espejo, buscando algún cambio, algo que le indique que ya no es una adolescente, que marque el cambio de vida que está teniendo. Detiene su mirada en el pubis, lleno de vellos negros, cubriendo su sexo. Pareciera que en ese remolino de vellos se esconde algo. Algo muy suyo. Siente una necesidad imperante de volver a ser niña, de regresar donde todo comenzó.

Así, viéndose al espejo, observando su cambio toma unas tijeras y empieza a recortar todo el vello que cubre su pubis. Con cariño lo corta todo, hasta que queda una pequeña pelusa que apenas cubre su vulva. Toma un rastrillo y empieza a rasurar lo que resta –siendo en todo momento observadora de lo que está ocurriendo- hasta que está completamente limpia.

Se observa nuevamente frente al espejo, con la curiosidad de una niña que reconoce su cuerpo, que lo explora para hacerlo suyo.

Se acuesta en posición fetal, se acurruca como si estuviera en el vientre de su mamá y empieza a mecerse recordando cómo se sentía. Cierra los ojos y se deja llevar por el momento, por las sensaciones que su cuerpo le marca.

De pronto, Pía se encuentra en un mundo nuevo, es como si estuviera soñando -tal vez entró en trance sin querer-, no importa. No sabe qué está pasando, pero decide vivirlo y ver qué pasa. Con la memoria perfecta – que caracteriza al cuerpo- revive momentos mágicos adentro del vientre de su madre. Siente como flota, ligera como una pluma, segura como nunca más se ha sentido desde aquel entonces. Se siente protegida, contenida. Está adentro de su mamá. Las lágrimas se escurren por su rostro.

Después de un rato así – que le parece la eternidad misma-, siente como una luz ilumina todo su cuerpo. Se ve a sí misma como una oruga al momento exacto de convertirse en mariposa. Abre los brazos y emprende el vuelo. Deja la seguridad de la crisálida para vivir su vida, ahora como mariposa.

Cuando se da cuenta, está tirada boca arriba en el piso de su cuarto, moviendo los brazos como si quisiera volar. Se levanta, se mira una vez más al espejo y al igual que la mariposa que un día dejó de ser oruga… Pía rompe el esqueleto externo de la crisálida que la envolvía para salir y vivir la vida.

Recordó que para la vida un día es más que suficiente… un día dejó de ser feto, para nacer y respirar por su cuenta… un día dejó de ser niña, para convertirse en adolescente… hoy deja de ser adolescente, para convertirse en mujer.

Se mira al espejo, sonríe y emprende el vuelo.

 

Pía, la niña que no podía gritar. JulpmWed, 15 Jul 2009 20:42:30 +00001952009 20, 2009

Lo más curioso del caso, es que desde que nació, siempre ha hablado muy fuerte – como todos en su casa- ; incluso la gente cree que grita todo el tiempo, es más, la catalogan como gritona.

Entonces, se preguntarán… ¿cuál es el problema, no que no podía gritar? El problema es que nunca ha podido gritar lo que su alma le pide. Lo intenta de otras formas; le da tos constantemente y vomita a la menor provocación, pero esto sólo la deja más frustrada.

Sufre de ataques de ansiedad, no se puede estar quieta, es como si su alma se quisiera expresar, pero no la deja salir. Necesita gritar, pero hay algo que acalla su dolor, que no lo deja salir.

Cuando ha intentado gritar, la voz no sale… se siente atascada, como si hubiera algo que no la deja ser, que le impide expresar sus sentimientos más profundos.

Viene de una familia de afónicos, en su casa todos gritan sin gritar… todo mundo alza la voz para ver si así logran expresar algo de todo eso que vienen cargado generación tras generación… nadie lo ha logrado.

Pía no sabe cómo, pero quiere romper con la tradición de afonía de su casa… quiere gritar… quiere expresar… dejar que salga. Aunque el sólo hecho de pensarlo, la hace sentir mal; sería traicionar a tantas y tantas generaciones que antes que ella han hecho lo mismo. ¿Quién es ella para romper con semejante tradición? ¿Es que acaso Pía es especial? ¿Tiene algún tipo de don que su familia –e incluso ella misma- desconocen?

Hoy parece que es un día especial. Hoy amaneció de un humor particular. Se mira al espejo. La voz de siempre la saluda y como siempre lo único que dice es: “DEJAME SALIR”… es una voz ronca y fuerte… son gritos de desesperación, de dolor, de angustia, de hartazgo… sólo dice… “DÉJAME SALIR”

Esta vez Pía decide hacer algo diferente – en lugar de gritar más fuerte que la voz que siempre escucha- y como quien lucha con pasión por una noble causa… pone las manos sobre su garganta y la empieza a abrir – con la destreza, habilidad e imaginación que sólo un niño puede tener-.

Duele, pero ya es momento. De su garganta empiezan a salir chorros como de chapopote, un líquido negro y denso… por momentos parece que se ahoga… pero mantiene abierta la garganta con sus dos manitas, esperando y observando cómo sale todo eso que ha estado ahí por tanto tiempo. El tapón que por generaciones ha estado en la familia de Pía, finalmente ha sido liberado.

Se puede ver perfectamente como empiezan a vibrar sus cuerdas vocales, a resonar entre ellas… sus músculos están relajados, sin presiones. Con la misma fuerza con la que abrió su garganta, ahora lo hace en sentido contrario. Creando conciencia de todo lo que ha hecho.

Al cerrar, queda una pequeña cicatriz, la cual Pía ve con orgullo – se dibuja una enorme sonrisa en su rostro-. Ha sido una batalla ardua y le gusta ver su “herida de guerra”, que le recuerda que todo tiene un precio en esta vida y el que ella estaba pagando era demasiado alto.

Prefiere la libertad de expresión a la comodidad del hogar.

Así, Pía se convirtió en su voz… delicada, sensible, cálida y abierta.