Alessia Di Bari

palabrería barata – o no tanto-

Carta al patrón de mi vida JunpmTue, 11 Jun 2013 23:03:02 +00001612013 20, 2009

A quien corresponda:

No sé cómo acercarme a tí sin que te espantes y salgas corriendo. Lo he intentado de diferentes maneras… unas con más éxito que otras.

No entiendo qué pasa. Sé que te gusto, me lo has dicho y lo siento cada que estamos juntos, sólo no te animas a dar el paso.

Se que te asusto, pero no se como ser toda la que soy y al mismo tiempo, hacerte sentir seguro. Me encanta ponerte nervioso, si te sirve de consuelo ¡yo estoy igual! Nuestra manera de manejar los nervios, diametralmente opuesta. Yo me aviento por más -cuando menos eso creo-, tu te haces chiquito o te engrandeces de tal forma que es imposible seguirte el paso.

Eres el hombre que SIEMPRE escojo, una y otra vez. Cambias de nombre, pero no de personalidad. Encantador, inteligente, con gran sentido del humor, workaholic, coqueto, divertido, de buen corazón y con un miedo terrible a la vida -lo tengas claro o no-.

Tu interacción conmigo, siempre la misma: “Me gustas, pero no. Me encantas, pero no me puedo dar el lujo de enamorarme de tí. Eres increíble, sólo no estoy listo para tí. No eres tú, soy yo.”

En gran parte me he vuelto una experta en pareja, por tí. En principio, por tratar de entenderte, al final entendí que siempre tiene que ver conmigo y no contigo. Sigo buscando, sigo probando, -a veces- te sigo llorando y otras – muchas- me divierto conociéndote y conociéndome. Bien dicen por ahí: “disfruta del equivocado en lo que llega el indicado”.

Desconozco sí existe tal cosa como “indicado”, pero sí sé que hago todo lo que está en mis manos por pasármela bien, no tomármelo tan en serio y hacer las cosas lo mejor que puedo. Recuerdo la frase que -invariablemente- le digo a mis pacientes: “Que una pareja llegue no depende de tí. Qué hacer cuando llega, sí”. Lo mismo me digo a mí misma. Veremos.

Lo único que sí tengo claro es que nunca me quedo con las ganas de hacer algo. Si he aprendido algo en pareja es: nunca te quedes con el “que hubiera pasado si…” Mejor ve y hazlo.

Me podrán acusar de muchas cosas el día que me muera… ¡pero nunca de no haber vivido! Eres mi 6 ala 7 -como te digo de cariño-, y sólo me queda agradecerte. Todos los días aprendo algo de mi, gracias a tí. Seguro nos seguiremos topando en la vida. Gracias.

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Carta al hombre perfecto EneamMon, 21 Jan 2013 00:08:46 +0000202013 20, 2009

Es curioso. Extraño tenerte y nunca has sido mío. Existes en mis sueños y sin embargo, te anhelo, sueño contigo.

Me encanta pensar que algún día llegarás. Amo las largas pláticas que mantenemos…aunque sea sólo en mi imaginación.

Desde niña te busco, te escribo, me confieso contigo. Eres el que sabe mis más obscuros secretos y mis más sublimes deseos. Nadie me conoce como tú.

A veces creo que voy a perder la razón por creer que algún día llegarás. Me gusta imaginar mi vida contigo. Tú siempre sabes qué hacer. A tu lado me siento segura, protegida, escuchada…contenida.

He encontrado vestigios de tí en varios de los hombres con los que he estado… señales de tu existencia.

Sé que tienes que morir, pero no sé si estoy lista para dejarte ir. Has sido mi gran compañero. Eres el único que ha estado conmigo en todo momento. Es una historia larga. Sé que estás agonizando…te he visto morir día con día. Pero, supongo, me da mucho miedo quedarme sola…aunque, si lo pienso, he podido con peores cosas.

Creo que es momento de entregarme a mi destino, cualquiera que sea. Es hora de dejarte ir.

Tú, no existes. Yo te creé. Y es momento de soltarte. Me ayudaste, me cuidaste y me protegiste del mundo real… mientras yo no pude. Llegó el día de enterrarte y junto contigo, las expectativas y las creencias acerca de tí. Fue lindo, mientras funcionó. Hoy, puedo con el mundo real. Aunque duele y hoy estoy de luto… no puedo más que decir: ¡Gracias!

 

Sexo… ¿qué? JulpmThu, 30 Jul 2009 13:42:51 +00002102009 20, 2009

Fragmento de la carta de una amiga de Perú,

Ahora que mencionas lo de tus estudios, me he puesto a pensar que llegué a lo que hago a trompicones y me quedé con la curiosidad de saber cómo llegaste tu a lo tuyo. Imagino que debe haber sido un remezón grande; o sea, no es lo mismo decir soy abogada, que soy sexóloga. E imagino que tus papás se habrán sorprendido (al menos). Me imagino a mi en lo tuyo y me río de imaginar la cara de mi papá al decírselo: ¿sexoqué?

Contestando a tus inquietudes acerca de cómo llegué a ser sexóloga, pues a trompicones –igual que tú-. Y, en efecto, no es lo mismo decir soy abogada, que soy sexóloga. Con la segunda opción, los hombres –invariablemente- les cambia la mirada, o sea, es que hasta les brilla el ojo y si no te habían volteado a ver en toda la noche – no importa si eres fea, gorda y estás mal vestida- en ese momento toda su atención es tuya. Aunque aquí, hay dos típicos hombres –heterosexuales, claro está-.

1) a los que les das miedo (porque sienten amedrentada su hombría ante una mujer que “se las sabe de todas… todas”, cuando menos en su muy activa imaginación)

2) los que mueren por llevarte a la cama porque están convencidos que el sexo contigo será inolvidable y los vas a hacer experimentar EL mejor sexo de su vida.

Cualquiera de los dos casos, me parece terrible. Con esto no quiero decir que TODOS los hombres reaccionen así, pero si tengo que ser muy sincera, la mayoría lo hacen – cuando menos esa es mi experiencia-.

Las mujeres es distinto, con ellas igual hay 2 reacciones básicas.

1) ¡Qué padre! Fíjate que el otro día… (aquí inserten cualquier cantidad de historias que necesiten un consejo sexual)

2) Si tienen novio, lo abrazan, lo besan y no se le despegan ni un momento. No vaya a ser la de malas, que la sexóloga / roba novios / prostituta (para ellas, las tres cosas significan lo mismo) embruje a mi novio con tanta sabiduría sexual.

Insisto, estoy generalizando, no TODAS las mujeres reaccionan así ante mi presencia. Si así fuera, no tendría amigas ni amigos y en mi vida me podré quejar de muchas cosas, pero no de las maravillosas amistades que tengo y a las cuales valoro y amo con todo mi corazón.

 

Yo no sé qué pasa con el inconciente colectivo de la gente, lo primero que piensan al escuchar la palabra “sexólogo” es en gente sin ningún tipo de límite sexual, que se las sabe de todas… ¡todas! De verdad creen que en la carrera nos enseñan posiciones y cosas por el estilo y cómo les explico que si me sé alguna posición es porque me gusta o la investigué en el Kamasutra, jamás tuve una clase de posiciones.

Entiendo que mi profesión puede ser amenazante para mucha gente –hablo con naturalidad, de lo que generalmente no se nombra- pero gente, no sean así. No sé cómo funcione en otros países, pero en México todavía nos falta mucho. Mujer y sexóloga todavía no es la mejor combinación, pero habemos mujeres –cada vez más- dispuestas a romper esquemas.

 

En cuanto a mi familia, creo que todavía están digiriendo mi profesión – sobre todo mis papás-. Antes vendía juguetes sexuales y no es algo de lo que se sintieran sumamente orgullosos –o cuando menos eso creo- …ya me los imagino en una reunión con sus amigos, donde todos presumen – como propios- los distintos logros de sus hijos.

– mi hijo está estudiando una maestría en Administración en la Universidad Complutense (ahora que España está tan de moda)

– la mía se casó – en una boda express- y está esperando a su primer hijo, ya tiene 3 meses de embarazo, encargó luego luego (porque aunque uno no lo crea, embarazarse para “amarrar” a un hombre todavía funciona)

– mi hijito trabaja para una trasnacional, es ing. petroquímico, le va muy bien.

– No, pues… mi hija…mmm…este… estudió comunicación (¡qué, qué! Y mi maestría???) ah! y está estudiando una maestría en sexualidad (lo más bajito que se pueda, no vayan a escuchar)… y está buscando trabajo…

Digo, estoy exagerando, no sé si hayan estado alguna vez en una situación así. De hecho a mi papá le cuesta más trabajo que a mi mamá, pero poco a poco se han ido haciendo a la idea –o acostumbrando- a la rareza (y lo digo en el buen sentido de la palabra, me gusta ser rara) de hija que les tocó y creo que en ocasiones hasta lo disfrutan.

Finalmente y ya para terminar, contestaré lo mismo de siempre cuando me preguntan ¿Por qué sexología? Indudablemente respondo: “porque nunca me quedó muy clara la historia de la cigüeña y decidí investigar más a profundidad”.