Alessia Di Bari

palabrería barata – o no tanto-

Duele verte SeppmThu, 13 Sep 2012 18:34:48 +00002562012 20, 2009

Me duele verte desperdiciar tu vida como si fuera cualquier cosa, como si realmente no supieras el valor que tiene. El valor que tienes para el mundo, para nosotros, la gente que te queremos.

Me duele sentirte cada día más hundido en tu propia basura emocional, con la cabeza metida en el culo. Me duele sentir que lo sabes y que no tengas el valor para hacer algo al respecto, que tu miedo te paralice a niveles insospechados.

Me duele que tu lugar “seguro” sea tan obscuro y solitario; tan triste, tan lleno de dolor y de soledad. Siempre aparentando ser lo que no eres, con miedo de mostrarte por miedo a que te corten la cabeza.

Me duele ver cómo dejas ir a la gente de tu vida; a la gente que realmente te ama y está dispuesta a estar contigo en las buenas y en las malas; que te acepta incondicionalmente y que está ahí para acompañarte en ese viaje a tu propio infierno. Un viaje doloroso, pero en tu caso, necesario y urgente.

Me duele que te conformes con un amor que no es para ti, que ni siquiera sabría si llamarlo amor. Hay una mujer maravillosa para ti –estoy segura-, si estás dispuesto a tomar cartas en el asunto y dar el salto al abismo de la vulnerabilidad y la incertidumbre. Duele ver cómo te apagas cuando estás con ella, sabiendo que no es para ti… no hay que ser un genio para saber que esa relación no va a ningún lado, no te llena en lo más mínimo, no mueve nada adentro de ti, no despierta media chispa de pasión. Duele verte caminando entre los vivos, sabiendo que queda poco de eso en ti.

Sí, yo estoy contigo, hasta el final –si me preguntas ahorita-. Diría un amigo: “Estoy contigo por esos 5 minutos al año en los que me muestras al verdadero hombre que eres. Por esos 5 minutos en los que realmente me puedo conectar contigo y sentirte. Esos 5 minutos hacen que valga la pena la espera”.

Duele verte no pedir ayuda y sentir que todo lo que podría hacer por ti no sirve de nada, porque tú no quieres. Me duele tu dolor, pero me duele más tu apatía sabiendo el extraordinario ser humano que eres y lo mucho que tienes para ofrecernos.

Todos se quejan de ti, todos los que tienen el valor de decir lo que creen y lo que ven. Nadie te lo dice. Yo, te lo digo veladamente, tengo miedo de perderte. Siento que si te confrontara crudamente, te perdería para siempre. Tengo miedo de dejarte solo y sentir que –tal vez- no lo intenté lo suficiente; que –tal vez- debí haber aguantado más; que –tal vez- sólo necesitabas un pequeño empujón más…

La vida duele, pero vale la pena intentarlo. No importa si vives o mueres ó si pretender hacer como que vives, yo aquí estoy para apoyarte y escucharte. Confío en que en algún momento te darás cuenta y decidirás hacer algo al respecto… la esperanza, es lo último que se pierde y yo, estoy llena de esperanza.

Anuncios
 

Sueños de pubertad SepamWed, 12 Sep 2012 02:07:24 +00002552012 20, 2009

Sí, eso es lo que pasa… ¡estoy enamorada del amor!

No es posible “enamorarme” de un hombre diferente cada tercer día. Creo que toda esta emoción de adolescente desbocada empezó hace unos meses… mi exceso de emoción es directamente proporcional a mi descenso de kilos… ¡ahí está!

Antes, supongo, ni siquiera me tomaba la molestia de emocionarme con cualquiera… era una pérdida de energía. Mejor me “enamoraba profunda y obsesivamente” de alguien inalcanzable que me garantizara la agonía amorosa que sabía –y podía- manejar.

Ahora, no. Las cosas han cambiado. Si bien la pérdida de peso ha sido un cambio voluntario, la mayoría de las cosas, percepciones y emociones que se han modificado en mi… no.

Aunque azotada, porque es parte de mi personalidad- me encanta esta nueva yo. Todos los días descubro algo nuevo de mí, de mi antigua yo, de mi manera de entender e interactuar con el mundo.

La gente que me conoce se saca de onda. Unos días –como hoy- entusiasta; otros, encerrada en mi cuarto sin querer ver a nadie; otros más, enojada y desquitándome con el que se deje… eso sí, aburrida… ¡nunca!

Estar conmigo es como estar con un sube y baja emocional –incluso para mí-.

¿Estoy loca? Sí –quizás-, pero es una locura inofensiva… si a caso, divertida.

Me gusta hablar, ver, escuchar, escribir, conversar de sexo… más de lo que –tal vez- me gusta practicarlo. No me malinterpreten, me encanta coger… sólo que –hoy por hoy- quiero más… probablemente mañana cambie de parecer.

Tal vez -toda esta reflexión- venga a colación, porque no he encontrado a la persona con la cual compartirme y entregarme a mis más bajas pasiones, fantasías, anhelos, etc. Alguien que entienda, sino –cuando menos- que disfrute de mis locuras y las comparta. Alguien que no tenga miedo ó –mejor dicho-, que sus ganas sean mucho más grandes que su miedo de vivir la vida, entregarse a ella y vivir cada día como si fuera el último.

 

Cuento de hadas a la medida

Yo no soy el tipo de mujer a la que le llueven hombres, con flores, osos de peluche, dedicatorias cursis y palabras de amor eterno.  Así que, agradecería un poco de honestidad –tanto para cambiar-.

No necesito que me bajen la luna y las estrellas, soy una niña grande, resisto los golpes violentos de la cruda verdad… si quieres algo, sólo tienes que pedirlo. No hay necesidad de toda la parafernalia, para que al final, resultes igual que todos.

¿Tengo sueños románticos y cursis? Sí, muchos, todas la noches. Es sólo que, con el pasar de los años me he demostrado a mí misma –una  y otra vez- que el hombre con el que sueño desde niña, no existe Así que, diseñé una barrera que ha funcionado, hasta el día de hoy, para mantenerme alejada de los posibles príncipes azules (porque tarde o temprano, se van a convertir en sapos). Mi método no falla, me salto a los príncipes, me voy directo a los sapos… esos no te pueden decepcionar. De hecho, han realizado a la perfección su papel.

Creo que sufro de… ¿cómo lo llaman mis amigas?… ah, sí… ¡excesivo contacto con la realidad!

¿Qué tiene de malo? No creo en los cuentos de hadas, no me veo a mí misma como una frágil e indefensa princesita que necesita ser rescatada y salvada a través de un beso de amor.

Muchos pensarán que estoy ardida, dolida, amargada, etc y sí, probablemente tengan razón, pero es la única forma de garantizar mi “estabilidad emocional”. Es muy fácil, de esta forma, siempre estoy mal, tirada a la desgracia porque el hombre con el que sueño, no existe. Lo demás es historia.

 

 

Contradicciones amorosas

–          ¿Crees en el amor a primera vista?

–          Depende

–          ¿De qué?

–          De si te enamoraste de mí o de alguien más.

–          ¿Qué se supone que contesto a eso?

–          La verdad.

–          De ti.

–          La respuesta es no, no existe tal cosa como el amor a primera vista. Existe -dirías tú- el “enculamiento” a primera vista; lo que sientes por mí no es amor, es lujuria.

–          ¿Cómo sabes distinguir entre uno y otro? Porque yo soy la que lo está sintiendo y –créeme- , no sabría distinguir la diferencia. En este momento podría jurar que quiero que seas el padre de mis hijos.

–          Estás confundida, no te gusto tanto como crees, sólo soy un sueño; en el momento en que me vuelva alcanzable, perdería todo el chiste y todo ese “amor” se desvanecería.

–          Creo que no te estoy entendiendo.

–          Es muy fácil, justo porque te amo, sé que no me puedes tener; entonces sí, te perdería para siempre.

 

Perfección

Su pezón estaba erecto, expectante. Él, lo rodeaba con la punta de la lengua, succionando por momentos, deleitándose en el. La besaba una y otra vez, recorría su cuerpo con el suyo, esperando el momento perfecto para bajar a su lugar favorito.

Ahí estaba ella, tumbada boca arriba, con las piernas abiertas, temblorosa. Tenía la cabeza girada hacia la izquierda, esquivando su mirada… pero no podía negarle ese placer, el placer de verla, de admirarla sólo para él.  Si ella no disfrutaba de su cuerpo, cuando menos –pensaba- que alguien más lo haga.

Él estaba sentado frente a ese espectáculo, con la cabeza metida entre sus piernas… admirando cada pliegue, cada recoveco; aspirando su olor, el perfume particular de esa mujer, la mujer que amaba y que nunca sería suya. No por decisión propia, sino por miedo a arruinar la magia que existía entre ambos. Respiraba profundo y guardaba ese olor sólo para él, era como si tomara fotografías instantáneas, no podía dejar de ver y admirar semejante belleza, estaba convencido que jamás encontraría un altar a la feminidad igual a este y por eso debía conservarlo en su memoria para siempre, intacto, perfecto.

 

 

¿Amor real?

–          ¿Crees que la vida te de más de una oportunidad para encontrar al verdadero amor?

–          No

–          Entonces, eso ¿dónde nos deja a ti y a mí? ¿Jodidos para siempre?

–          Puede ser. Es algo que prefiero no pensar. Yo no te puedo dar lo que tu mereces y yo no soy ese a quién debes amar y entregarte. Te lo he dicho mil veces, no te conviene estar cerca de mí.

–          Para ti es fácil decirlo, pero eso ¿dónde me deja a mí? Aquí estoy, enamorada de ti como una estúpida, sabiéndome correspondida, pero incapaz de convencerte de hacer algo al respecto –que no sea coger, claro-.

–          ¿Qué tienen de malo nuestras cogidas?

–          Nada. ¡Ese es el problema!

–          Yo no diría que es un problema –con esa sonrisita chueca que la pone de cabeza-. Me encantas, eres una mujer increíble y mereces mucho más que esto. Escúchame, ¡mereces mucho más que esto! Justo porque eres importante y porque te amo, necesito que te alejes de mí.

 

Han pasado años desde aquella conversación, él tenía razón, merecía mucho más de lo que él podía ofrecerle. Ella, simplemente no lo entiende, sigue esperando que algún día él regrese. Fue el amor de su vida, su verdadero amor, el único ¿No se supone que sólo hay uno? ¿Cómo dejar de aferrarse a él? Es lo único que tiene. Si lo suelta… quizás nunca vuelva a sentir eso por alguien. El miedo a quedarse sin ilusión, la aterra.